En la hora del café

Las conversaciones de la hora del café pueden describirse como la antítesis de las famosas conversaciones de ascensor. Mientras que estas últimas son famosas por su “incomodidad” y por tocar temas míticos como la situación meteorológica con desconocidos (o conocidos pero no allegados); las conversaciones de la hora del café consiguen abrir la ventana de las preocupaciones de nuestra sociedad. Si bien es cierto que estas conversaciones del café usualmente acaban en copa y puro, por lo que se desfiguran un poco…o en su totalidad.

Sin desviarnos del tema, es interesante observar como día tras día, esas conversaciones cambian y en los últimos años se han convertido en verdaderos debates socioeconómicos de como solucionar la crisis (seamos sinceros, todos llevamos un pequeño economista dentro).

Lo que hace pocos años acababa en una discusión de si era mejor el Madrid o el Barça, hoy siempre acaba en una frase llena de pesimismo: “…estamos mal, y lo que nos espera…”. Está claro que la crisis ha trastornado nuestro carácter de una forma extraordinaria.

Es duro ver como las noticias de cada día nos despiertan con datos horrendos: 6.202.700 parados, 57% de jóvenes sin empleo, corrupción, fuga de cerebros… Pero más duro es ver como 2 años después de los “brotes verdes” y un año después del “los recortes de hoy son el crecimiento del mañana” la situación no hace más que empeorar para los ciudadanos de a pié, es decir, para el 90% de la población (el otro 10% son políticos, diplomáticos, banqueros, empresarios sin escrúpulos y la Corona).

Yo no tengo una receta para que “esto” esté mejor dentro de un año, pero por suerte tengo esperanza y aún me queda algo de paciencia… aunque con esperanza y paciencia no se come.

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